12 junio 2013

Árboles vitales

Todavía recuerdas ese día en el que te llevaron a ver el primero de tus árboles por vez primera. Tendrías unos cuatro años y tus padres te habían recogido el pelo con una cinta verde. Con cada una de tus pequeñas manos en una mano de tus padres, ibais paseando tranquilamente hacia el bosque. Sabías que ese no era un paseo cualquiera, el aire estaba chispeante y las sonrisas de tus padres tenían un matiz de misterio. [...]
Cuando lo viste, tan pequeño y rebelde, luchando por hacerse un hueco entre los más grandes, supiste que era el tuyo. Corriste hacia él mientras tus padres te observaban con una sonrisa ilusionada. Al llegar a su lado frenaste en seco, lo miraste con asombro y acariciaste tímidamente sus hojas. La conexión inmediata que sentiste fue muy intensa. Tenía un verde chispeante en las hojas y su tronco comenzaba a adquirir el característico tono marrón de la corteza joven. Estuviste alrededor de media hora contemplándolo, hasta que tus padres te cogieron y te llevaron a casa, con la imagen de tu árbol aun brillando en las pupilas.[...]
Esa noche soñaste [...]

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