La pluma rasga el papel
como espada rasga la carne.
Es algo incontrolable,
la tinta corre rauda como la sangre
tras una violenta batalla.
El papel, herido, intenta
resistirse con sus últimas fuerzas.
No se da cuenta de lo vano de su intento.
La pluma saca su fuerza
de mil batallas anteriores,
mientras que el papel es virgen.
Por eso gana la pluma,
la pureza es voluble,
quedan las heridas y los errores.
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