12 marzo 2015

Abismos y fantasmas

Llevo un tiempo sin escriibir. Parece que tengo cosas más importantes que hacer, que no tengo tiempo, que no tengo ganas... pero sobre todo no tengo inspiración. Es por eso que resulta curioso que me de por escribir ahora mismo, ya que no tengo ninguna inspiración concreta (al menos conscientemente)... Pero creo que hoy tengo la necesidad de expresar algo. 
No sé muy bien cómo describirlo, ya que yo misma no acabo de entenderlo. Podría empezar diciendo que ha sido un ramalazo de pesimismo, de ese pesimismo triste y opresivo que te bloquea y te asfixia. El tipo de pesismismo de las depresiones profundas, en las que nada tiene sentido y todo deja de tenerlo. Supongo que para completar el sentimiento, a esta base oscura hay que añadirle una pizca de sueño no dormido, otra de cansancio físico y otra algo más cuantiosa de desesperación. Desesperación pasable, eso sí, pues está motivada por una lesión que no acaba de curarse, básicamente porque no le dejo el tiempo de hacerlo, muy idiota y conscientemente. 
Bien, pues encontrándome en ese estado, al que he llegado en un breve espacio de tiempo, he tenido muchos pensamientos. Esto es normal, ya que cargando con ese sentimiento te vuelves para dentro, para protegerte y evitar que los demás te miren a los ojos y vean tus demonios. Es por eso, que al evitar los pensamientos externos, los propios internos florecen. O más bien desflorecen, te introducen un poco más en esa oscuridad momentánea que te reconcome. En ese momento es cuando he dudado. He dudado de lo que hacía, del sentido que le estaba dando a mi vida, de mis sueños e ilusiones y me he recreado en mi más pura y bajera mediocridad. Me he planteado lo erróneo de mi rumbo, me he tratado de ilusa por querer escapar al destino que me estaba escrito por haber nacido dónde lo he hecho, condenada al sueño de la "sociedad moderna", perfectamente diseñada para mantener al rebaño en el redil. Porque claro, ¿quién soy yo, una pequeña oveja que no sabe nada de la vida, para salirme de este lujoso redil? ¿No sería quizá más fácil quedarme dentro, estudiar, trabajar, casarme y morir? Tener una vida fácil, normal, diseñada y mediocre. ¿Quién soy yo, la más mediocre de las ovejas, para pretender huir de esa mediocridad, sufriendo y dañando por el camino? ¿Por qué ansío tanto esa libertad que se promete dolorosamente... bueno, dolorosamente libre? Y pensando esto, cayendo cada vez más profundamente en el abismo, atada con mis miedos y mis dudas me he replanteado mis pensamientos. He intentado llegar al fondo del por qué de estos fantasmas en mi cabeza. Me he planteado la consistencia de los mismos, forma, transparencia y color. Y no he llegado a ninguna conclusión, aunque al menos he conseguido coger la fuerza suficiente como para sacarme del hoyo y ahuyentar a los fantasmas del escenario principal de mi mente.
Pero soy consciente de que siguen ahí, rondándome, puesto que si no, no estaría escribiendo esto. Esos son los que me persiguen, los fantasmas de mi inspiración.

No hay comentarios:

Publicar un comentario