11 enero 2013

Sentimientos antiguos

[...]Levanté la mirada y vi sus ojos azules a un palmo de mi cara. No eran simplemente unos ojos azules. Tenían matices. Trazas de gris, e incluso algo de verde. Pero es que también eran algo más que ojos. Eran vanos, cubiertos por un pedazo de cielo (por utilizar la típica metáfora que todos entienden), y se podía adivinar tras ellos su apasionante personalidad. Eran un reflejo de él, de sí mismo, de cómo era. Y me encontré tan perdida en ellos, que no podía imaginar otro color ni podía pensar. No podía pensar en nada. Excepto en esos zafiros que no me pertenecían. 
[...] Luz, brillantes, impuro, amor. Cuanto menos caso le hace, más la ama.[...] Y eso siempre será así. Cuánto más inalcanzable es el objeto de deseo, más deseo sientes.

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