26 febrero 2016

Ya no

Como una tormenta de improductividad
de sentimientos revueltos y anulados
de ojos vacíos y anegados.
Como una ausencia en aquí y ahora
una mirada perdida y clavada
unas ojeras demacradas.
Como saberte y sentirte
pensándote y soñándote
amándote y recordándote.
Y tú. Allí.
Y no, ya no.

12 marzo 2015

Abismos y fantasmas

Llevo un tiempo sin escriibir. Parece que tengo cosas más importantes que hacer, que no tengo tiempo, que no tengo ganas... pero sobre todo no tengo inspiración. Es por eso que resulta curioso que me de por escribir ahora mismo, ya que no tengo ninguna inspiración concreta (al menos conscientemente)... Pero creo que hoy tengo la necesidad de expresar algo. 
No sé muy bien cómo describirlo, ya que yo misma no acabo de entenderlo. Podría empezar diciendo que ha sido un ramalazo de pesimismo, de ese pesimismo triste y opresivo que te bloquea y te asfixia. El tipo de pesismismo de las depresiones profundas, en las que nada tiene sentido y todo deja de tenerlo. Supongo que para completar el sentimiento, a esta base oscura hay que añadirle una pizca de sueño no dormido, otra de cansancio físico y otra algo más cuantiosa de desesperación. Desesperación pasable, eso sí, pues está motivada por una lesión que no acaba de curarse, básicamente porque no le dejo el tiempo de hacerlo, muy idiota y conscientemente. 
Bien, pues encontrándome en ese estado, al que he llegado en un breve espacio de tiempo, he tenido muchos pensamientos. Esto es normal, ya que cargando con ese sentimiento te vuelves para dentro, para protegerte y evitar que los demás te miren a los ojos y vean tus demonios. Es por eso, que al evitar los pensamientos externos, los propios internos florecen. O más bien desflorecen, te introducen un poco más en esa oscuridad momentánea que te reconcome. En ese momento es cuando he dudado. He dudado de lo que hacía, del sentido que le estaba dando a mi vida, de mis sueños e ilusiones y me he recreado en mi más pura y bajera mediocridad. Me he planteado lo erróneo de mi rumbo, me he tratado de ilusa por querer escapar al destino que me estaba escrito por haber nacido dónde lo he hecho, condenada al sueño de la "sociedad moderna", perfectamente diseñada para mantener al rebaño en el redil. Porque claro, ¿quién soy yo, una pequeña oveja que no sabe nada de la vida, para salirme de este lujoso redil? ¿No sería quizá más fácil quedarme dentro, estudiar, trabajar, casarme y morir? Tener una vida fácil, normal, diseñada y mediocre. ¿Quién soy yo, la más mediocre de las ovejas, para pretender huir de esa mediocridad, sufriendo y dañando por el camino? ¿Por qué ansío tanto esa libertad que se promete dolorosamente... bueno, dolorosamente libre? Y pensando esto, cayendo cada vez más profundamente en el abismo, atada con mis miedos y mis dudas me he replanteado mis pensamientos. He intentado llegar al fondo del por qué de estos fantasmas en mi cabeza. Me he planteado la consistencia de los mismos, forma, transparencia y color. Y no he llegado a ninguna conclusión, aunque al menos he conseguido coger la fuerza suficiente como para sacarme del hoyo y ahuyentar a los fantasmas del escenario principal de mi mente.
Pero soy consciente de que siguen ahí, rondándome, puesto que si no, no estaría escribiendo esto. Esos son los que me persiguen, los fantasmas de mi inspiración.

12 junio 2014

El pañuelo me mira, como prueba irrefutable de mi debilidad. No estoy pudiendo con lo que quiero, ¿qué haré cuando me vengan cosas que no quiero?
Siento que me rindo y fracaso, pero no puedo evitar quedarme sentada mirando como pasan las oportunidades, sin atreverme a agarrarlas. Tengo todas las herramientas a mi alcance, tengo el itinerario delimitado. Sé que es tan fácil como construir el camino y seguirlo, pero me fallan las fuerzas. No tengo el combustible suficiente, o de tenerlo, tengo así mismo un freno más poderoso que no me deja avanzar.
Creo que vivo con un miedo mortal a conseguir lo que quiero.

30 enero 2014

Escribir por escribir

Hoy lo primero que he hecho ha sido poner el título ¿por qué? el título siempre es lo último, hasta que no relees todo lo que has escrito, no sabes como se llama. Es como un intento desesperado de que todo te salga como deseas, de que tus planes se cumplan al 100%, sin ningún tipo de sorpresa. Como la estúpida manía que tenemos de ponerles a los niños nombres antes de que nazcan. Les llamamos Sofía o Alberto sin saber cómo serán realmente, con la esperanza de que esos nombres acaben cuadrando con su carácter. O quizá que su carácter acabe cuadrando con esos nombres. ¿Cuántas veces habéis conocido a alguien con cara de Virginia, pero que se llama Marta? ¿O con unos claros rasgos de Mario, pero cuyo nombre es Daniel? A mí me ha pasado muchas veces. Esa manía que tenemos de etiquetarlo todo sin saber, de querer llamar a las cosas "por su nombre", sin darnos cuenta de que las palabras son un lenguaje limitado.
[...]
Pero bueno, que yo venía aquí a escribir. ¿Que el qué? Pues supongo que el amor y la distancia. Lo de siempre vamos. Pero la verdad es que me da algo de palo escribir por escribir.

16 diciembre 2013

Los mejores

[...]
-¡Eh, mirad, están aquí! ¡Hemos conseguido encontrarles!
-No ha sido tan difícil como nos lo pintaban, solo hemos tenido que superar unas pocas trampa, pero todas muy previsibles.
-¡Dios mío, apenas tienen ropa, deben estar cerca de la hipotermia!
Me acerco a los pobres niños que nos miran entre esperanzados y temerosos, sin terminar de creerse que realmente van a salir de ese infierno helado. Me parece todo un poco irreal, el sabio nos había dicho que íbamos a enfrentarnos a las peores pruebas, que nuestros límites mentales y psíquicos serían puestos a prueba. Pero ahí estábamos, en el final del viaje, en nuestro destino final. La niña que estaba próxima a mí extendió un brazo tembloroso y corrí a su lado. Sin dudarlo, me quité el abrigo y se lo puse alrededor, gesto que agradeció con una tímida sonrisa. Poco a poco fuimos repartiendo nuestras prendas de ropa entre los ateridos niños, pero pronto nos dimos cuenta de que eran demasiados y nosotros muy pocos. 
-No podemos quitarnos más prendas, nos congelaremos nosotros!
-Pero no podemos dejar que los niños se congelen, necesitan nuestra ayuda, para eso hemos venido. Además con el ejercicio de andar, seguro que entramos en calor.
Así pues, repartimos nuestras prendas entre los niños que faltan, que nos miran agradecidos.
Nos disponemos a ponernos en marcha, repartiéndonos los niños que no pueden andar para cargar con ellos a lo largo del recorrido. Pero cuando vamos a cogerlos, vemos que pesan demasiado, como si fuesen de piedra. En ese momento me doy cuenta. Es otra maldita trampa
-¡Coged todos los abrigos que podáis! ¡Deprisa! ¡Es una trampa!
Pero ya es demasiado tarde. Miro con consternación como nuestros preciados abrigos se funden con las estatuas de piedra en las que se han convertido los niños. Además siento que la temperatura empieza a descender aun más. Nos miramos consternados.
-¿Ahora que?
-Tenemos que intentar seguir adelante, mantenernos en movimiento para no perder el calor. 
Empezamos a avanzar y notamos que empieza a levantarse un fuerte viento, y al poco rato empieza a caer la nieve, que no tarda en convertirse en una tormenta. No podemos evitar separarnos, y me encuentro en soledad, en un mundo blanco, aislado de sonidos y colores, con los pies y las manos cerca de la congelación y empezando a sufrir los primeros síntomas de la hipotermia. Empiezo a comprender que ha llegado mi hora, que he fracasado en esta empresa que me propuse tras enterarme de la terrible noticia, y me arrepiento de haber arrastrado conmigo a tan buenas personas. Empiezo a comprender por qué dicen que siempre se van los mejores, porque los mejores son los únicos que arriesgan, que se atreven a vivir la vida plenamente, con todos los riesgos que eso entraña, preocupándose antes por los demás que por ellos mismos. 
Ya estoy entrando en una especie de trance, como en un sueño febril en el que me cuesta distinguir ficción de realidad y mis pensamientos se descontrolan. Me imagino un mundo en el que nadie se cuide a sí mismo, sino que se dedique a cuidar a los demás y a mirar por los demás. Eso nos dejaría a todos con un montón de personas preocupadas por nosotros, provocaría un bienestar tan profundo que es inimaginable. Me doy cuenta de que estoy desvariando y de que hace rato que he dejado de moverme. La nieve me cubre hasta las rodillas y no tengo fuerzas para intentar sacar las piernas. No siento las manos ni los pies y supongo que ya los tengo congelados. No puedo controlar los temblores ni distinguir nada más allá del blanco, que poco a poco se va oscureciendo. Mi mente moribunda me dice que dentro de poco veré aparecer una luz que tengo que seguir, que debo dirigirme al final del túnel. Pero no hay túnel. Solo una blancura cada vez más negra que se cierne sobre mi conciencia y sé que ya no tengo salvación. Lo último que pienso es en la imagen que debo tener, con las piernas enterradas en la nieve, la camiseta blanca indistinguible del fondo y la piel azul. Toda azul, manos, cara, ojos, cejas, pelo y bigote azul.

03 noviembre 2013

En frente del ordenador

La barra parpadea. Esa pequeña línea que te mira, impaciente por desplazarse. Está a la espera, quiere dejar su rastro, sus sentimientos. No quiere que pares, demuestra el deseo de las teclas de ser pulsadas. Esperan sin paciencia a que tus dedos las recorran, plasmando en el vacío, dejando una huella. No es un proceso, no hay un fin. La música atrona en tus oídos, los dedos vacilan. Ya no saben que decir, se han quedado vacíos, laxos. Les falta vida, les falta piel por la que deslizarse, piel que acariciar, otra mano con la que enredarse. Necesitan contacto humano, otra vida a la que aferrarse. Las teclas son tan sólo un pobre sustituto, un cuadrado frío que apenas reacciona al contacto. No hay arrugas que descubrir, sólo una superficie perfectamente lisa. No hay diminutos pelitos que entorpezcan el tacto, sólo los apenas perceptibles relieves de las letras sobre la tecla.

[...]

Así no se puede.

19 octubre 2013

Es, son.

Ella es el río; y ella es el mar.

Ella es la luna; y ella las estrellas.

Ella se oculta; y ella brilla.

Ella es viento; y ella la tierra.

Ella es trueno; y ella tormenta.